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La experiencia es un grado

Año más, año menos, nací por los alrededores del cambio de siglo. No voy a decir qué siglo. Cada uno puede hacer sus conjeturas.
Groucho Marx

Cuentan que había un árbol que curaba todos los males, todas las enfermedades; bastaba con ir a verle -pues él no se podía mover- y de inmediato se gozaba de una salud total y absolutamente envidiable. El árbol se llamaba “Castaño os curo”. Había una mujer muy enferma que vivía muy cerca del árbol pero no quería ir a visitarle: pasaba de Castaño os curo…
Y hasta aquí nuestro microrelato coloreado del día. En la próxima entrega: Ana To Roja.

De pequeño siempre me preguntaba quién se inventaría los chistes… Tanto ingenio sintetizado en unas pocas líneas… ¡Y esos giros inesperados y tronchantes! Ahora que ya no me peino, que casi nunca digo “¡Cómo goza!” para referirme a algo que me gusta y que hace tiempo que no como Mister Corn (ni siquiera pidiéndole a un amigo “¡Echa, echa!” con las dos manos en cuenco mientras él me dice “¡Una mano solo!”), aunque -eso sí- soy capaz de ir al McDonalds a comprar un Happy Meal para unos supuestos sobrinos que no tengo solo para que me den un minion fuera de la fecha de la promoción (¡es que son de monos!)… Ahora, decía, solamente me pregunto quién se inventará los chistes buenos; los malos parecemos inventárnoslos, entre otros, los que de pequeños nos preguntábamos quiénes se los inventarían…

Quizá un día me encuentre por ahí al creador del chiste de “-¿Te tomas una copa, guapa? -Copa, copae, copum. -¿Pero qué estás haciendo? -Declinando tu invitación.” o al del primer chiste de Jaimito que escuché de “¿Cómo me vas a pegar si no tienes pegamento?” (o a uno de sus herederos). Quizá no… Lo que es seguro es que a algunas otras de las preguntas que me hacía de pequeño he conseguido darles respuesta, en ocasiones, muchos años después.

Pondré un ejemplo: de pequeño, un amigo mío decía que escuchaba sus 60 cintas de música enteras cada tarde. Yo, por supuesto, no tenía motivos para desconfiar de él. Años más tarde, recordando dicha afirmación y considerando que una tarde típica tiene menos de 60 horas, llegué a la conclusión de que no podía ser así. Y es gracioso porque la mayoría de los datos involucrados en el asunto ya los sabía en aquel entonces, lo que ocurría es que si no se  me pasaba por la cabeza que alguien me estuviera engañando entonces no tenía sentido ponerme a hacer esas cuentas (y lo que se puede aprender de este párrafo para magia…).

Otra historia que me gusta mucho es la siguiente. De pequeño también me preguntaba quién encontraría los trucos de los videojuegos, del estilo de “para invisibilidad pulsa A-B-B-arriba-A”. Me imaginaba a gente probando todas las posibles combinaciones de botones hasta encontrar ese “fallo” en el videojuego. ¿Y si luego no se acordaban de los botones que habían pulsado? Muchísimos años después (tantos que hasta a mí me da vergüenza reconocerlo), un día me di cuenta de que si el personaje se vuelve invisible o las motos se convierten en minimotos es porque alguien lo ha programado, si no sería muy raro que el truco funcionara… Vamos, que alguien ha decidido, antes de que el videojuego llegara a mi casa y antes de que lo leyera en la Hobby Consolas, que pulsar en el mando de mi Mega Drive (¡vaya revival!) “Delante-Delante-Delante-Puñetazo Alto” cuando Johnny Cage gana un combate en el Mortal Kombat hace que la cabeza del oponente salga volando (¡Fatality!). Vamos, que mientras crees que “se la estás colando” a los que hicieron el juego, resulta que estás disfrutando de algo que ellos mismos prepararon (como cuando “se decía” que “alguna gente” copiaba los CD de música con grabadoras y discos comprados a la misma compañía que vendía el original).

Hablando de Johnny Cage, me viene a la mente John Cage, el famoso “compositor” de 4′33″, obra musical en tres movimientos que puede ser interpretada por cualquier instrumento o conjunto de instrumentos. En la partitura se indica a los intérpretes que han de guardar silencio y no tocar su instrumento durante cuatro minutos y treinta y tres segundos. Pese a ser entendida por la mayoría como “cuatro minutos y treinta y tres segundos de silencio”, algunos teóricos de las vanguardias musicales consideran que el material sonoro de la obra lo componen los ruidos que escucha el espectador durante ese tiempo. El otro día pude leer una noticia, que tiene toda la pinta de leyenda urbana (¡el que se creía lo de las 60 cintas, ahora es un incrédulo!), vagamente relacionada: Por lo visto,un argentino se vio sorprendido al recibir la noticia de que había ganado un premio en un concurso de arte contemporáneo, pues había olvidado adjuntar el archivo… Según se puede leer en la red, algunos miembros del jurado comentaban cosas como “nosotros lo tomamos como un atrevimiento, una especie de performance que trascendía los límites físicos del arte, un cuestionamiento a las bases mismas del concurso” o “nos pareció una acción valiente”.

Sin entrar a valorar a los individuos del párrafo anterior, es curioso comprobar el contraste que hay con otros artistas. El otro día estuve disfrutando mucho en un concierto del grandísimo Paco Bello, en el que antes de cada canción, explicaba con mucha gracia de dónde partía, a quién se la dedicaba y de qué iba hasta el punto de decir “y voy a parar de hablar porque si no voy a explicar toda la canción”. Cierto es que puede ser saludable dejar un poquito a la libre interpretación del público y que, incluso en obras de indudable mérito, no todo se podría explicar muy bien -me gustaría ver a los Héroes del Silencio explicando línea por línea de qué va La chispa adecuada, por poner un ejemplo, y sin embargo me parece muy buena-, pero en mi actual opinión (que mañana podría ser distinta), para que un artista se pueda quedar tranquilo de que no le acusarán de tener mucha cara, la parte a completar por el público debería estar muy bien medida, como en una buena película de Hitchcock, una buena novela de Sherlock Holmes o un buen chiste.

Por cierto, hablando de noticias recientes, este verano se han puesto de moda unas cabinas -no las de bronceado sino otras- en las que te metes y si fuera hace 30 grados, dentro hace 29 (solamente un gradito menos). Un amigo mío fue el otro día y le dije “Pero ¿cómo se te ocurre pagar para esa tontería?”. Hizo una pausa, me miró y me dijo “Es que ¡la experiencia es un grado!”.

Posted Agosto 13th, 2013.

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Inventos del demonio

Inventos del demonio, que diría cualquier abuela…

Pues sí, ya venden las “tazasucias”. Y con varias manchas distintas…

Que lo bonito de estas tazas no es regalarlas, es comprarlas uno mismo, ponerlas en la pila y pedir al amable y servicial visitante de nuestra morada que si puede hacer el favor de lavarla un momento.

Pensando en estos inventos, se me ocurrieron algunos que quizá ya estén inventados: el “mantelsucio” (un mantel que tiene manchas de serie), la “mesasucia” (con un precioso y permanente cerco de mancha de vaso) o la “pantallasucia” (con una manchita que no se vaya ni con Cristasol).

Aunque puestos a pensar en maldades para la pantalla, se me ocurre el nuevo invento de la temporada, sí, el “fondo de pantalla acursorado”. He aquí un recorte del mismo.

Hale, a ver cómo encuentras cuál es el de verdad… ¡Venga ahí de cursores! Como en “Dónde está Wally”. Que la verdad es que un “Dónde está Wally” de cursores, es fácil de resolver, ejem, ejem…

Pero si hay un invento del demonio que me entusiasma es sin duda ¡¡¡el globo de helio con forma de niño atado al globo de helio con forma de globo!!! Ya estoy viendo a las ancianas comentarlo:

- ¿Eso que está volando no es un niño con un globo?

- Ay, hija ¡inventos del demonio!

Posted Agosto 11th, 2011.

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Dos por tres

Este es un post con banda sonora. Pulsa sobre el siguiente enlace con el botón derecho y después sobre “Abrir enlace en una pestaña nueva” con el izquierdo:

Doctor Grillo – Estamos

Siempre que la escucho aparecen en mi cabeza dos personajes con unos carteles haciendo tonterías… Ya lo entenderéis…

Es costumbre en libros y manuales de teatro, religión, magia y artes afines defender y encumbrar al 3 como número especial, mágico y privilegiado. En el maravilloso “Libro de las maravillas”, Tommy Wonder reflexionaba sobre este particular con su artículo “The Family Three”. Como muestra, varios botones que han hecho que el tres sea el número más considerado y respetado de todos los tiempos: los tres “actos” de una historia, principio, nudo y desenlace; los tres estados de la materia, sólido, líquido y gaseoso; las tres facetas del tiempo, pasado presente y futuro; los tres “misterios”, Morfeo, Neo y Trinity; los tres tenores, Carreras, Domingo y Pavarotti; los tres colores primarios, rojo, verde y azul; los tres sabores básicos, nata, vainilla y chocolate; los tres tristes tigres…

¿Y por qué están tristes los tigres…? Precisamente esta profunda reflexión es la que nos lleva por el camino correcto y nos pone sobre la pista del número 2. Basta con mirar un poco a nuestro alrededor para observar que, en efecto, el tercer elemento es casi siempre pernicioso. Entonces los “tríos” dejan de ser una “unión” perfecta y equilibrada para pasar a convertirse en uno de esos míticos pasatiempos de “identificar el elemento extraño”, de decir quién sobra: “tú, ella y la hipoteca”, “tú, ella y la suegra”, “tú, ella y el cura”, “tú, ella y su amante”, “yo, ella y la otra ella” (esto último sí está bien, pero es que siempre es necesaria la excepción que confirme la regla).

En los últimos tiempos he tenido la oportunidad de presenciar algunas de las mejores muestras artísticas de la temporada y de observar cómo el número dos es el protagonista, el que tiene una posición destacada. Quiero comentar y recomendar dos (¡qué curioso!) obras de amiguetes míos.

La primera es “El lado oeste del Golden Gate” de Pablo Iglesias Simón. Me enamoré de esta obra desde el principio. Todo es “raro”, visual, sugerente, mágico, original e ingenioso. Un escenario dividido en dos partes, dos personajes en cada escena, dos realidades posibles… Pero lo mejor es que seamos dos personas las que hablemos de esto, y nada mejor que ver al director reflexionando sobre su propia obra… Mirad la esquina inferior derecha en el vídeo ¡hasta el documental es de la 2! (luego ves el vídeo, ahora sigue leyendo y así acabarás de leer el post a la vez que termina la canción que estás oyendo).

Creo que ahora mismo la obra no sigue en cartel (que alguien me corrija si me equivoco), pero si tenéis oportunidad de verla en algún momento, no lo dudéis, os va a encantar (o no… por aquello de la dualidad).

La segunda es “Por amor al arte” de Germán Bernardo (mago y contador de historias, más desconocido como “Pan”) y Miguel Mayorga (cantautor), un exquisito cóctel de magia, cuentos y canciones de autor. Divertido y emocionante a partes iguales. Podréis disfrutarlo el próximo jueves 7 de enero de 2010 a las 21:30 en la Sala Zanzíbar (calle de Regueros, 9, metros Chueca y Alonso Martínez).

Por amor al arte: magia, cuentos y canciones de autor

Todo comienza cuando los dos llegan a actuar al mismo local el mismo día a la misma hora… A partir de ahí, hora y media de risas, magias, canciones e historias. Tras momentos tensos y de llamadas a sus respectivos “representantes” (¿he dicho ya que había risas?), pasarán cosas (el que las quiera saber que venga a verlo). Se me ha ocurrido una broma bastante particular, que sería el cartel que yo utilizaría para el espectáculo:

Pan y ¡Miguel!

El que quiera entenderla que vaya a verlo. El que quiera saber por qué cuando suena la canción que está terminando me vienen a la cabeza dos tíos haciendo el idiota con unos carteles que vaya a verlo. Gracias Miguel por descubrirme a Doctor Grillo y Paco Bello. El que quiera emocionarse que vaya a verlo. El que quiera entender por qué escribo sobre el número dos que vaya a verlo. Así, es posible que entienda también la siguiente imagen. Gracias Germán por esas historias.

Azul y rojo

Y ahora si quieres ya puedes ver el vídeo y releer todo sin música, que te he obligado a leer muy deprisa…

Posted Diciembre 24th, 2009.

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Tengo una corazonada

Avanzo -poco, pero avanzo- por un túnel de la M-30 (o quizás debería decir calle 30 en pro de la tontería), a una velocidad inferior o igual a 70 km por hora. Es una sensación hipnótica. Cuatro carriles, no hay nadie, con la mirada fija en el cuentakilómetros… Voy concentrado en el cuentakilómetros, el límite es 70 y ya me han puesto dos multas a 77 y a 74 respectivamente (¿eso son multas o es cachondearse en mi cara?). ¿Qué fue del 10%? No existe… Se ha esfumado, como mi conciencia. Sigo con la mirada en ese numerito, se me va el coche de lado, casi me doy contra el muro, es imposible concentrarse. Y no, ¡otra vez no! Me he pasado la salida… Pero ¡qué mal indicado está todo! Y en medio de esta situación tan peligrosa comienzo a pensar…

¡Qué mal indicado está todo! Si indicar (no confundir con Indycar, que es una categoría de automovilismo de velocidad, ¡qué gracia! de velocidad…) es señalar con el índice, entonces ¿qué es anular? Ah, claro, es señalar con el dedo que está entre el meñique y el medio. ¿Te imaginas? Dices “Quería anular mi pedido” y levantas el dedo anular en posición de dudosa estética. A partir de ahora anularé todas las cosas así. Pero todo esto nos lleva irremediablemente a la gran pregunta: ¿qué es mediar, entonces? Mediar es esa expresión tan socorrida que se realiza con el dedo corazón, sugerida ya por Gazzo en la portada de su libro Read between the lines (“Lee entre líneas”):

Lee entre líneas

Lee entre líneas

Ahora entiendo lo que quería decir mi madre cuando me decía que no mediara en las peleas, que me podía llevar alguna galleta que no fuera mía.

Y por eso, quiero mandar un mensaje a quien corresponda. Al creador, responsable y sublime pensador de las estrictas al tiempo que peligrosas medidas de control de la velocidad de que disfrutamos en los túneles de la M-30, me gustaría decirle, al estilo de Gazzo y empleando uno de esos lemas que tanto le gustarán, que sí: ¡TENGO UNA CORAZONADA!

Tengo una corazonada para usted

Tengo una corazonada para usted

Posted Diciembre 10th, 2009.

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