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La experiencia es un grado

Año más, año menos, nací por los alrededores del cambio de siglo. No voy a decir qué siglo. Cada uno puede hacer sus conjeturas.
Groucho Marx

Cuentan que había un árbol que curaba todos los males, todas las enfermedades; bastaba con ir a verle -pues él no se podía mover- y de inmediato se gozaba de una salud total y absolutamente envidiable. El árbol se llamaba “Castaño os curo”. Había una mujer muy enferma que vivía muy cerca del árbol pero no quería ir a visitarle: pasaba de Castaño os curo…
Y hasta aquí nuestro microrelato coloreado del día. En la próxima entrega: Ana To Roja.

De pequeño siempre me preguntaba quién se inventaría los chistes… Tanto ingenio sintetizado en unas pocas líneas… ¡Y esos giros inesperados y tronchantes! Ahora que ya no me peino, que casi nunca digo “¡Cómo goza!” para referirme a algo que me gusta y que hace tiempo que no como Mister Corn (ni siquiera pidiéndole a un amigo “¡Echa, echa!” con las dos manos en cuenco mientras él me dice “¡Una mano solo!”), aunque -eso sí- soy capaz de ir al McDonalds a comprar un Happy Meal para unos supuestos sobrinos que no tengo solo para que me den un minion fuera de la fecha de la promoción (¡es que son de monos!)… Ahora, decía, solamente me pregunto quién se inventará los chistes buenos; los malos parecemos inventárnoslos, entre otros, los que de pequeños nos preguntábamos quiénes se los inventarían…

Quizá un día me encuentre por ahí al creador del chiste de “-¿Te tomas una copa, guapa? -Copa, copae, copum. -¿Pero qué estás haciendo? -Declinando tu invitación.” o al del primer chiste de Jaimito que escuché de “¿Cómo me vas a pegar si no tienes pegamento?” (o a uno de sus herederos). Quizá no… Lo que es seguro es que a algunas otras de las preguntas que me hacía de pequeño he conseguido darles respuesta, en ocasiones, muchos años después.

Pondré un ejemplo: de pequeño, un amigo mío decía que escuchaba sus 60 cintas de música enteras cada tarde. Yo, por supuesto, no tenía motivos para desconfiar de él. Años más tarde, recordando dicha afirmación y considerando que una tarde típica tiene menos de 60 horas, llegué a la conclusión de que no podía ser así. Y es gracioso porque la mayoría de los datos involucrados en el asunto ya los sabía en aquel entonces, lo que ocurría es que si no se  me pasaba por la cabeza que alguien me estuviera engañando entonces no tenía sentido ponerme a hacer esas cuentas (y lo que se puede aprender de este párrafo para magia…).

Otra historia que me gusta mucho es la siguiente. De pequeño también me preguntaba quién encontraría los trucos de los videojuegos, del estilo de “para invisibilidad pulsa A-B-B-arriba-A”. Me imaginaba a gente probando todas las posibles combinaciones de botones hasta encontrar ese “fallo” en el videojuego. ¿Y si luego no se acordaban de los botones que habían pulsado? Muchísimos años después (tantos que hasta a mí me da vergüenza reconocerlo), un día me di cuenta de que si el personaje se vuelve invisible o las motos se convierten en minimotos es porque alguien lo ha programado, si no sería muy raro que el truco funcionara… Vamos, que alguien ha decidido, antes de que el videojuego llegara a mi casa y antes de que lo leyera en la Hobby Consolas, que pulsar en el mando de mi Mega Drive (¡vaya revival!) “Delante-Delante-Delante-Puñetazo Alto” cuando Johnny Cage gana un combate en el Mortal Kombat hace que la cabeza del oponente salga volando (¡Fatality!). Vamos, que mientras crees que “se la estás colando” a los que hicieron el juego, resulta que estás disfrutando de algo que ellos mismos prepararon (como cuando “se decía” que “alguna gente” copiaba los CD de música con grabadoras y discos comprados a la misma compañía que vendía el original).

Hablando de Johnny Cage, me viene a la mente John Cage, el famoso “compositor” de 4′33″, obra musical en tres movimientos que puede ser interpretada por cualquier instrumento o conjunto de instrumentos. En la partitura se indica a los intérpretes que han de guardar silencio y no tocar su instrumento durante cuatro minutos y treinta y tres segundos. Pese a ser entendida por la mayoría como “cuatro minutos y treinta y tres segundos de silencio”, algunos teóricos de las vanguardias musicales consideran que el material sonoro de la obra lo componen los ruidos que escucha el espectador durante ese tiempo. El otro día pude leer una noticia, que tiene toda la pinta de leyenda urbana (¡el que se creía lo de las 60 cintas, ahora es un incrédulo!), vagamente relacionada: Por lo visto,un argentino se vio sorprendido al recibir la noticia de que había ganado un premio en un concurso de arte contemporáneo, pues había olvidado adjuntar el archivo… Según se puede leer en la red, algunos miembros del jurado comentaban cosas como “nosotros lo tomamos como un atrevimiento, una especie de performance que trascendía los límites físicos del arte, un cuestionamiento a las bases mismas del concurso” o “nos pareció una acción valiente”.

Sin entrar a valorar a los individuos del párrafo anterior, es curioso comprobar el contraste que hay con otros artistas. El otro día estuve disfrutando mucho en un concierto del grandísimo Paco Bello, en el que antes de cada canción, explicaba con mucha gracia de dónde partía, a quién se la dedicaba y de qué iba hasta el punto de decir “y voy a parar de hablar porque si no voy a explicar toda la canción”. Cierto es que puede ser saludable dejar un poquito a la libre interpretación del público y que, incluso en obras de indudable mérito, no todo se podría explicar muy bien -me gustaría ver a los Héroes del Silencio explicando línea por línea de qué va La chispa adecuada, por poner un ejemplo, y sin embargo me parece muy buena-, pero en mi actual opinión (que mañana podría ser distinta), para que un artista se pueda quedar tranquilo de que no le acusarán de tener mucha cara, la parte a completar por el público debería estar muy bien medida, como en una buena película de Hitchcock, una buena novela de Sherlock Holmes o un buen chiste.

Por cierto, hablando de noticias recientes, este verano se han puesto de moda unas cabinas -no las de bronceado sino otras- en las que te metes y si fuera hace 30 grados, dentro hace 29 (solamente un gradito menos). Un amigo mío fue el otro día y le dije “Pero ¿cómo se te ocurre pagar para esa tontería?”. Hizo una pausa, me miró y me dijo “Es que ¡la experiencia es un grado!”.

Posted Agosto 13th, 2013.

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Inventos del demonio

Inventos del demonio, que diría cualquier abuela…

Pues sí, ya venden las “tazasucias”. Y con varias manchas distintas…

Que lo bonito de estas tazas no es regalarlas, es comprarlas uno mismo, ponerlas en la pila y pedir al amable y servicial visitante de nuestra morada que si puede hacer el favor de lavarla un momento.

Pensando en estos inventos, se me ocurrieron algunos que quizá ya estén inventados: el “mantelsucio” (un mantel que tiene manchas de serie), la “mesasucia” (con un precioso y permanente cerco de mancha de vaso) o la “pantallasucia” (con una manchita que no se vaya ni con Cristasol).

Aunque puestos a pensar en maldades para la pantalla, se me ocurre el nuevo invento de la temporada, sí, el “fondo de pantalla acursorado”. He aquí un recorte del mismo.

Hale, a ver cómo encuentras cuál es el de verdad… ¡Venga ahí de cursores! Como en “Dónde está Wally”. Que la verdad es que un “Dónde está Wally” de cursores, es fácil de resolver, ejem, ejem…

Pero si hay un invento del demonio que me entusiasma es sin duda ¡¡¡el globo de helio con forma de niño atado al globo de helio con forma de globo!!! Ya estoy viendo a las ancianas comentarlo:

- ¿Eso que está volando no es un niño con un globo?

- Ay, hija ¡inventos del demonio!

Posted Agosto 11th, 2011.

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Sobre genios y el genio de alguno

En las antiguas tradiciones se decía que los genios actuaban de noche y se escondían al amanecer. Eran seres con características de los duendes, maliciosos, pero no necesariamente malignos, y además solían ser bromistas y embaucadores. Así que no me cabe ninguna duda de que Juan Tamariz es un genio.

Menos mitológicamente, se suele caracterizar a un genio por su creatividad o por producir cosas superiores en su campo. En mi opinión, otra característica de la genialidad es la de discernir, apreciar o identificar la genialidad de otros. Una de las lecciones de magia más grandes que he recibido fue hace unos meses cuando Juan Tamariz me explicó por qué el juego de la carta hogareña de Francis Carlyle (descrita en Estrellas de la Magia) es una obra de arte y las versiones que hacemos la mayoría de los magos (ver, por ejemplo, la carta al bolsillo plus en el volumen 2 de la Gran Escuela Cartomágica) no hacen sino pervertirla y corromperla.

Por eso, siempre he pensado que si Juan Tamariz decidió poner a las 4 aulas de la Gran Escuela de Magia Ana Tamariz los nombres de Frakson, Hofzinser, Robert-Houdin y Dai Vernon, por algo será. Así, cuando hace unos meses cayó en mi poder El desenmascaramiento de Robert-Houdin, escrito por el archiconocido Harry Houdini, no sabía qué pensar. Por un lado, Houdini se había puesto ese nombre por la admiración que profesaba hacia Robert-Houdin, pero por otro, tiempo después y por motivos no del todo claros escribió este libro desacreditándole. Así, comencé a interesarme más en el asunto y no tardé en encontrar libros en respuesta a esta “obra” de Houdini, como Houdini’s Unmasking “Fact vs. Fiction” de Jean Hugard. Por lo visto no todo era exactamente como Houdini lo escribía ni su motivación era exactamente la de dar crédito a quien lo merecía en la historia de la magia. ¡Vaya genio gastaba el Houdini este! Por lo visto, todo sea dicho, parece que más tarde se arrepintió de haberlo escrito.

Más tarde, he leído con mucho placer el absolutamente recomendable volumen 4 de The Vernon Chronicles, donde a través de numerosas anécdotas se recorre la vida del genial mago Canadiense Dai Vernon, y en el que se puede ver la admiración que sentía Dai, entre otros, por Robert-Houdin (y sus teorías) y Hofzinser (y su magia, y su manera de decir cosas interesantes para las mujeres, con frases del estilo de: “el siguiente engaño esconde un misterioso secreto” o “esto nos dirá algo sobre usted”). Y a raíz de la lectura de estos trocitos de vida de Dai Vernon estuve hablando con Alan, un compañero del Pentacle Club, que me sorprendió en la siguiente reunión con el libro The magician and the Cardsharp escrito por Karl Johnson.

En él se relata la búsqueda de Dai Vernon del tahúr Allen Kennedy (el único capaz de realizar cierta técnica de extrema utilidad para los tahúres con perfección absoluta) y su encuentro, junto con todo el interés que suscitó en el mundo mágico. Además, hay algunos retazos muy interesantes del mundo de los tahúres: Los chicos no podían ver la cantidad de juegos asombrosos que Kennedy hacía por la razón de que su magia estaba siempre escondida. Al contrario de lo que ocurría con un mago, un tahúr debía guardar en secreto no sólo sus métodos sino también sus efectos.

Entre las muchas anécdotas sobre Dai Vernon que se pueden encontrar en el libro, traduzco el pasaje relacionado con Houdini:

Se estaba convirtiendo en rutina que Vernon engañara a los mejores magos del momento con sus ideas innovadoras. [...] Un mago al que no le entusiasmaba la idea de ser engañado, por Vernon o por ningún otro, era Harry Houdini. La oportunidad de intentarlo le llegó a Vernon un día en 1922 en el hotel Great Northern en Chicago. La aprovechó al máximo.

Para el público, Houdini, que entonces tenía 48 años, era el mago más famoso del mundo. Para los magos, sin embargo, era mayormente un artista del escapismo. Hizo shows de magia de escena, con ilusiones muy elaboradas, pero fueron los escapes los que le dieron fama mundial. Para Vernon, estos escapes no eran magia. Sentía que había poco misterio en serpentear dentro de una camisa de fuerza. Houdini era también un incesante publicista de sí mismo, cosa que sacaba de sus casillas a Vernon. “No importa lo que digan”, le decía a Vernon, “hay que salir en el periódico por todos los medios”. Era absolutamente incesante. Si Houdini pasaba por un incendio o cualquier otro incidente que ocurriera en la calle, corría a buscar a un agente de policía y anunciaba su presencia, con la idea de que su nombre apareciera en el periódico al día siguiente.

Houdini tenía ese nombre sin parangón, que le dio mucho prestigio entre el público. Y había sido el presidente de la Sociedad de Magos Americanos. En el fondo se consideraba un mago, y un gran árbitro en cuestión de talento y secretos. Había puesto un desafío a los magos: Enséñame un truco tres veces seguidas y te diré cómo lo haces.

Vernon le mostró un juego de cartas, un efecto simple, siete veces y Houdini no pudo entenderlo. Ni siquiera estuvo cerca. Peor aún para el irritable Houdini, Vernon lo hizo rodeado de otros magos. Hizo que Houdini cogiera una carta, la marcara claramente con sus iniciales “HH” y entonces la metió de nuevo en el mazo. En un instante, estaba otra vez arriba (esta era la versión de Vernon de un juego que se conocía como “La carta ambiciosa”, pues la carta se esforzaba por subir a lo más alto). Vernon repitió el truco una vez, y otra. No importaba dónde pusiera la carta de Houdini, siempre volvía arriba. Incluso la metía… muy despacio… y… obviamente… justo bajo la primera carta. Vernon la enseñaba justo ahí, segunda desde arriba, y entonces, volvía a estar arriba. Todo el mundo podía ver las iniciales “HH” claramente marcadas en la carta. Era la carta de Houdini, sin dudas.

“Tienes que tener dos cartas iguales”, dijo Houdini finalmente. Era un hombre pequeño, pero atlético, con un gran pecho que se hinchaba por momentos. Hacía afirmaciones que parecían irrevocables. Ya iban tres veces seguidas y ese era el veredicto de Houdini: una carta duplicada “¿Con tus iniciales, Harry?” preguntó Vernon. Había sido muy cuidadoso haciendo que Houdini firmara la carta. Houdini lo intentó de nuevo.

“¡Lo has escrito con un _ _ _ _!” prácticamente le gritó a Vernon. “¿Cómo podría haberlo hecho si está escrito con tinta?” le rebatió Vernon. Todos los magos sabían que esas cosas escribían como un lapicero. Ahora miraron a Houdini para ver cómo salía de aquella. “¡Ahora los hacen en tinta!” bramó finalmente con autoridad. Ninguno de los magos había oído hablar nunca de aquello. El gran Houdini no sabía qué decir.

“¡Harry, te ha engañado!” gritó Sam Margules, que había estado mirando con atención. “¡Tres veces!” chilló Margules. “¡Tres veces!”. Houdini comenzó a hervir. “¡Hazlo de nuevo!” ladró a Vernon. “¡Hazlo otra vez!”. Vernon lo hizo con gusto, repitiéndolo una cuarta vez, una más del límite auto-impuesto por Houdini. “¡Una más!” le ordenó Houdini. Estaba rompiendo su propia regla, echándola abajo, pero a Vernon no le importaba. Podía hacer su truco 100 veces si Houdini quería. Ahí estaba la carta, con las “HH” claramente escritas para cualquiera que mirara, y pese a ello ahí estaba la carta, arriba otra vez. Vernon lo hizo de nuevo, y otra vez más, siete veces para Houdini, más del doble del número de veces que pedía en su reto.

Por supuesto, Houdini nunca admitió que había sido engañado. Pero Vernon lo sabía, y como había otros magos presentes la noticia se extendió. Ese juego pasó a conocerse en magia como “El truco que engañó a Houdini”. Vernon recibió incluso una carta de la mujer de Harry, Bess, confirmando que Houdini había estado levantado media noche después de ver el truco de Vernon intentando entender cómo lo habría hecho (por cierto, que Bess se convertiría por una casualidad en la madrina de Ted Vernon, el hijo de Dai). “Aunque nunca lo admitió”, escribía Bess a Vernon, “a mí sí que me lo admitió… ¡no se daría por vencido hasta que lo resolviera!”. Nunca lo hizo.

Vernon estaba contento de haber engañado a Houdini, pero no creía tener tanto mérito. Después de todo, para Vernon, Houdini era totalmente un carnicero en lo que se refería al manejo de las cartas. Ni siquiera podía mezclar un mazo de cartas sin echarlo todo a perder. Anteriormente en su carrera, había hecho algo de manipulación en escena con cartas, lanzándolas de mano a mano y extendiéndolas en cinta sobre su brazo. Pero eso había sido todo. Un niño podría engañar a Houdini en la opinión de Vernon.

Houdini podía ciertamente comportarse como un niño, también, con fieras pataletas. Un par de años después, tras una reunión de la Sociedad de Magos Americanos en el hotel McAlpin en Nueva York, un grupo de magos y sus mujeres estaban en el restaurante Riggs en la Calle 33, entre Broadway y la Quinta Avenida. Vernon estaba allí, así como los dos Sams, Horowitz y Margules, y los dos Als, Baker y Flosso. Unos cuantos amigos, no-magos, se unieron en su mesa. Houdini, que era de nuevo el presidente de la sociedad, entró pavoneándose y se unió también a cenar en la misma mesa.

Había un mazo de cartas en la mesa, y Houdini lo cogió e hizo unos trucos. Los magos veían que cada vez que Houdini hacía cierta técnica, “flasheaba”. Era obvio, también para los profanos, pero nadie dijo nada. Más tarde, cuando los magos estuvieron a solas, Margules saltó, “Harry, ¿por qué  no le dejas a Vernon que te enseñe cómo se hace?”. Vernon había perfeccionado una técnica simple y elegante de los tahúres, y el suyo se estaba convirtiendo en el método preferido entre los magos. Eso era todo lo que Houdini tenía que oír. Se puso como una fiera.

“¡Tú, hijo-de-puta!” chilló a Margules. “¿Me vas a enseñar ahora a mí cómo hacerlo?”. Houdini estaba temblando de rabia, perdiendo el control. A los magos les parecía, cuando se volvió hacia ellos encolerizado, que incluso podía cargar contra Margules, que pensaba que había hecho una sugerencia inocente. La técnica de Vernon era el nuevo método, un secreto underground, y los magos normalmente se deleitaban presenciando lo que llamaban el “verdadero trabajo”. Pero Houdini no. “¡Sois una panda’ amateurs!” chilló a todo el grupo. “¡Sois amateurs! ¿Y me decís a mí…?”.

Varios de los magos, se colocaron entre Houdini y el atónito Margules y entonces Houdini salió hecho un basilisco del restaurante. Los magos le vieron marcharse, estupefactos por su ira. Flosso especialmente no podía creerlo. Pensaba que lo había visto todo en Dreamland en Coney Island. Pero nunca había visto algo así.

Posted Julio 27th, 2011.

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“Cómo se hizo” ya a la venta

¡Ya está a la venta el libro! Se puede conseguir desde ya mismo en tiendas de magia…

Aquí os dejo el vídeo con el tráiler:

Y algunas palabras extraídas del prólogo:

Estas páginas recogen gran parte de mi historia con la magia, en especial con la cartomagia.

Incluyen las secuencias “El elixir”, “Los niños pequeños” (presentada al Concurso Ascanio 2009) y “Regreso al futuro” (Premio Ascanio 2010), además de algunas otras ideas y algunas versiones más de la carta al número. Espero que las disfrutes tanto como he hecho yo escribiéndolas y te sirvan de inspiración.

La estructura del libro es simple. En los tres capítulos principales describo en detalle las secuencias anteriormente citadas. En cada uno de ellos, hay una introducción en la que hablo de cosas (¡da gusto cómo te explicas!), un apartado llamado “Material y preparación” donde explico el material y la preparación que se necesitan (¡no fastidies!), otro llamado “Resumiendo” en el que describo el método de modo burdo y esquemático (cada uno como lo que es…) y otros cuantos apartados con un repaso completo y detallado de la secuencia (por cierto, ¿quién es el que se está metiendo conmigo en los paréntesis?). En el Apéndice A analizo una idea bastante potente junto con varios juegos a los que se puede aplicar. En el Apéndice B, muestro mi aproximación al efecto de la carta al número. Este segundo apéndice incluye, entre otras cosas, “Los gemelos golpean dos veces”, uno de mis juegos favoritos de este libro y una de las versiones más prácticas y potentes de la carta al número.

Prácticamente todo lo que vas a leer me ha fallado alguna vez en público. Gracias a esos fallos, en muchas ocasiones he pensado en “salidas” para cuando ocurren. A lo largo del texto encontrarás cuadros con el símbolo de “Salida de emergencia” donde explico posibles salidas para fallos.

Deseo que estas páginas te sean útiles, te inspiren o simplemente te permitan conocerme mejor. Bienvenido a la visión del director, al otro lado de la cámara, comienza: ¡Cómo se hizo…!

Posted Julio 20th, 2011.

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¡Al fin!

Tras varios meses dedicados a la causa, me alegra y me emociona mucho poder decir que al fin está terminado el libro…

Muchísimas gracias a Cristina Medrano (http://www.flickr.com/photos/cmedrang/) por las fotografías, a Ángel Suazo Nácar por los diseños de las portadas y las figuras (y de la imagen de esta entrada) y al propio Ángel, Gilbert, Pablo y Pipo por las revisiones.

En dos semanas, la presentación en el Círculo Mágico de Madrid.

Posted Febrero 14th, 2011.

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El punto de no retorno

No, no tiene nada que ver con lo que dice la canción de que “al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver…”. Más bien va de todo lo contrario. De volver a las mismas sensaciones, de volver incluso al mismo sitio…

Quedan menos de tres semanas, ya está ahí, a la vuelta de la esquina. Parece que todas las fases se han repetido un año después: las ideas difusas, el compromiso de ordenarlas, las primeras pruebas, los consejos de los amigos, los pequeños detalles que te emocionan el día que se te ocurren y, en definitiva, la ilusión por crear algo, por observar cómo va tomando forma y creciendo aquella pequeña ideita…

Y todavía hay más, ya hemos pasado el “punto de no retorno”. El “punto de no retorno” es un término técnico empleado en la navegación aérea, que se refiere al punto de un vuelo en el que, dada la cantidad de combustible consumido, el avión no puede regresar al lugar desde el que partió. Pasado este punto, no queda otra opción que continuar hacia otro destino. Si alguien ha visto la tercera parte de “Regreso al futuro” sabrá que el término también se aplica a máquinas de tren y De Loreans.

Es sugerente al tiempo que le da a uno por pensar “¿y qué carajo hago yo aquí?”. Como cuando estás a 4000 metros de altura y te asomas antes de lanzarte en caída libre. Pero ya no hay tiempo para pensar: Mira, respira hondo y lánzate… ¡Llega el Memorial Ascanio!

Posted Febrero 9th, 2010.

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No me he podido resistir…

El siguiente texto fue escrito en la noche del martes 26 de enero de 2010, tras gozar de la “Antología de la cartomagia española” de Miguel Gómez:

Hay días en que uno quiere llegar rápido a casa para irse a dormir. Hay días en que uno quiere llegar rápido a casa porque tiene que hacer cosas para el día siguiente. Hay días en que uno quiere llegar rápido a casa para ver a alguien. Hoy quería llegar rápido a casa para abrir el libro de Miguel Gómez. El título dice mucho de él: “El placer de la magia”.

Observa la siguiente imagen.

Sé que (además de preguntarte si alguien se pondrá esa ropa) te estás riendo. Y yo diría que es muy probable que estés pensando en huevos y una salchicha. Vale, te habrás perdido algún detallito, pero lo de los calzoncillos todo el mundo lo pilla, “es muy obvio”. Ahora bien, es muy probable que en la parte de la camiseta que se ve sólo hayas visto unos simpáticos cactus, sin más, y hayas exclamado algo del estilo de “¡Qué gracioso, cactus!”. Vuelve a mirar a la imagen, intentando descubrir la relación entre los cactus. Otra sensación, ¿verdad? Ahora lo aprecias todo de otra manera. Sin embargo estuvo todo el rato ahí, delante de ti, de un modo oculto o sutil quizá, pero estuvo ahí. Esto me recuerda a la siguiente anécdota:

Dos hermanos, uno mayor y uno pequeño, están viendo una serie en la televisión y se escucha “Lisa, los vampiros son seres inventados, como los duendes, los gremlins y los esquimales”. El hermano pequeño se ríe diciendo “¡Mira, Homer!”. Ni siquiera ha escuchado el comentario y quizá no lo habría entendido si lo escuchara, pero está disfrutando porque ese personaje le parece gracioso. El hermano mayor, obviamente, se ríe porque sabe que los esquimales y los duendes no son seres inventados. Al margen de esta pequeña broma, lo importante es que el hecho de tener más información te hace apreciar las cosas de una manera más profunda, y también maravillarte de que otra persona pueda disfrutar de eso a su modo por tener un conocimiento distinto al tuyo. Lo gracioso es que quizá el guionista de la serie haya escogido a esos seres por alguna razón que al hermano mayor también se le escapa, de manera que él también lo aprecie de forma distinta. Un poco en la tónica de los famosos versos de Borges: “Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. ¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza?”.

Gabi Pareras comenta en su libro “Secuencias” cómo el hecho de conocer los secretos de una secuencia mágica de Joaquín Navajas, pero sin sentir esos secretos físicamente, le hizo vivir una de las experiencias más intensas y reveladoras de su evolución mágica.

Con Miguel Gómez he podido disfrutar de la misma magia desde las dos perspectivas, la del desconocedor y la del “conocedor”. Recuerdo perfectamente la primera vez que le vi actuar. Fue en Tamarite de Litera el sábado 12 de marzo de 2005. Yo había empezado a estudiar magia hacía menos de un año, pero ya tenía ciertos conocimientos. O eso creía yo. Por seguir con el ejemplo de arriba, yo decía “¡qué gracioso, un cactus!”. Pero no entendía nada. Recuerdo perfectamente “el número de los tahúres” y el tremendo impacto que me causó.

Desde entonces hasta hoy he tenido el placer de ver a Miguel en varias ocasiones, cada vez disfrutándolo de una manera distinta (“ah, pero es que ahí…”, “será…”, “no me digas que…”). Y hoy, justo hoy, he disfrutado “la antología” como nunca había disfrutado de un espectáculo. Una lección de construcción (de la sesión y de los juegos), de manejo (de las emociones y de las cartas) y de maestría en todos los aspectos. El más sentido y digno homenaje que se puede hacer a la cartomagia española. Y él, como siempre, sonriente y cercano, motivador e inspirador.

Y por eso no me he podido resistir, porque tenía ganas de aprender más, porque quería entenderle mejor, quería disfrutarle más tiempo. Y por eso me he puesto a leerle y a releerle. Y ya sé por qué sonríe. Sonríe porque él sabe todo esto y sabe que la próxima vez disfrutaré con otro pequeño detalle que, de momento, está reservado a los grandes maestros.

No me cabe duda de que los niños del futuro soñarán con las bellas composiciones de los magos españoles, algunos ya soñamos con la magia de Miguel Gómez.

¡Gracias Miguel!

Posted Enero 27th, 2010.

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Dos por tres

Este es un post con banda sonora. Pulsa sobre el siguiente enlace con el botón derecho y después sobre “Abrir enlace en una pestaña nueva” con el izquierdo:

Doctor Grillo – Estamos

Siempre que la escucho aparecen en mi cabeza dos personajes con unos carteles haciendo tonterías… Ya lo entenderéis…

Es costumbre en libros y manuales de teatro, religión, magia y artes afines defender y encumbrar al 3 como número especial, mágico y privilegiado. En el maravilloso “Libro de las maravillas”, Tommy Wonder reflexionaba sobre este particular con su artículo “The Family Three”. Como muestra, varios botones que han hecho que el tres sea el número más considerado y respetado de todos los tiempos: los tres “actos” de una historia, principio, nudo y desenlace; los tres estados de la materia, sólido, líquido y gaseoso; las tres facetas del tiempo, pasado presente y futuro; los tres “misterios”, Morfeo, Neo y Trinity; los tres tenores, Carreras, Domingo y Pavarotti; los tres colores primarios, rojo, verde y azul; los tres sabores básicos, nata, vainilla y chocolate; los tres tristes tigres…

¿Y por qué están tristes los tigres…? Precisamente esta profunda reflexión es la que nos lleva por el camino correcto y nos pone sobre la pista del número 2. Basta con mirar un poco a nuestro alrededor para observar que, en efecto, el tercer elemento es casi siempre pernicioso. Entonces los “tríos” dejan de ser una “unión” perfecta y equilibrada para pasar a convertirse en uno de esos míticos pasatiempos de “identificar el elemento extraño”, de decir quién sobra: “tú, ella y la hipoteca”, “tú, ella y la suegra”, “tú, ella y el cura”, “tú, ella y su amante”, “yo, ella y la otra ella” (esto último sí está bien, pero es que siempre es necesaria la excepción que confirme la regla).

En los últimos tiempos he tenido la oportunidad de presenciar algunas de las mejores muestras artísticas de la temporada y de observar cómo el número dos es el protagonista, el que tiene una posición destacada. Quiero comentar y recomendar dos (¡qué curioso!) obras de amiguetes míos.

La primera es “El lado oeste del Golden Gate” de Pablo Iglesias Simón. Me enamoré de esta obra desde el principio. Todo es “raro”, visual, sugerente, mágico, original e ingenioso. Un escenario dividido en dos partes, dos personajes en cada escena, dos realidades posibles… Pero lo mejor es que seamos dos personas las que hablemos de esto, y nada mejor que ver al director reflexionando sobre su propia obra… Mirad la esquina inferior derecha en el vídeo ¡hasta el documental es de la 2! (luego ves el vídeo, ahora sigue leyendo y así acabarás de leer el post a la vez que termina la canción que estás oyendo).

Creo que ahora mismo la obra no sigue en cartel (que alguien me corrija si me equivoco), pero si tenéis oportunidad de verla en algún momento, no lo dudéis, os va a encantar (o no… por aquello de la dualidad).

La segunda es “Por amor al arte” de Germán Bernardo (mago y contador de historias, más desconocido como “Pan”) y Miguel Mayorga (cantautor), un exquisito cóctel de magia, cuentos y canciones de autor. Divertido y emocionante a partes iguales. Podréis disfrutarlo el próximo jueves 7 de enero de 2010 a las 21:30 en la Sala Zanzíbar (calle de Regueros, 9, metros Chueca y Alonso Martínez).

Por amor al arte: magia, cuentos y canciones de autor

Todo comienza cuando los dos llegan a actuar al mismo local el mismo día a la misma hora… A partir de ahí, hora y media de risas, magias, canciones e historias. Tras momentos tensos y de llamadas a sus respectivos “representantes” (¿he dicho ya que había risas?), pasarán cosas (el que las quiera saber que venga a verlo). Se me ha ocurrido una broma bastante particular, que sería el cartel que yo utilizaría para el espectáculo:

Pan y ¡Miguel!

El que quiera entenderla que vaya a verlo. El que quiera saber por qué cuando suena la canción que está terminando me vienen a la cabeza dos tíos haciendo el idiota con unos carteles que vaya a verlo. Gracias Miguel por descubrirme a Doctor Grillo y Paco Bello. El que quiera emocionarse que vaya a verlo. El que quiera entender por qué escribo sobre el número dos que vaya a verlo. Así, es posible que entienda también la siguiente imagen. Gracias Germán por esas historias.

Azul y rojo

Y ahora si quieres ya puedes ver el vídeo y releer todo sin música, que te he obligado a leer muy deprisa…

Posted Diciembre 24th, 2009.

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“Miniexpresiones”

Siempre pensé que si algún día tuviera un blog escribiría un post sobre esto. Y es que los pequeños detalles son siempre lo más importante. Nunca pensé en cómo titularlo, por eso el título es tan “cutrelux”. Es sobre unas cosas que son como un secreto porque las comparten muy pocas personas, pero no son un secreto porque se pueden decir. Y de hecho se dicen mucho, porque se tienen que decir mucho.

Hace tiempo, uno de mis amigos me envió una entrevista en la que Arturo Pérez-Reverte decía lo siguiente:
“¡Es de lo que más orgulloso me siento: de la lealtad de mis amigos! Tengo amigos que se partirían el alma por mí. Amigos que están entre los marginados, ex delincuentes, ex presidiarios, con un código de honor sagrado, cuya lealtad me impresiona y me estremece. Eso es muy español, también… Y yo siempre pienso: si este tipo me ha elegido a mí como amigo, es que algo bueno habré hecho yo en esta vida… Estoy convencido de que a un hombre se le conoce más por la calidad de sus amigos que por lo que él aparenta.”

Ahora tocaría escribir una frase obvia (y ¿por qué no?, cierta) sobre lo buenos que son mis amigos y, siguiendo la lógica de lo anterior, yo mismo.

Sin embargo prefiero hacer un comentario sobre esas pequeñas cosas que nos unen a nuestros amigos de una forma muy especial. Porque, al fin y al cabo, son otra forma de conocer a alguien. Las voy a llamar “miniexpresiones”. No es el mejor nombre, se me acaba de ocurrir, pero me ha hecho gracia. Son esas expresiones que solamente empleas con algunos de tus amigos en concreto. Expresiones que están prácticamente unidas a una persona. Si te dijeran la expresión, no tendrían que decirte quién la ha dicho, ya lo sabrías. A veces estas expresiones venían ya “de serie” con la persona (unas veces él ya las tenía catalogadas como tales y otras simplemente las usaba hasta que se han llegado a convertir en “miniexpresiones”), otras veces han surgido a partir de una anécdota, lo mismo da…

Por ejemplo, no le diría a Rober que algo es así, más bien “Eeeefectivamente” sería así. Nunca le diría a Cris que si está muy cansada, le diría que si está “dorminda”. No se me ocurriría preguntarle a Alberto si algo “es muy fácil o hay que trabajar”, le diría que si “es botón derecho o hay que darle a la manivela”. Y si estuviera con Pablo y nos dijeran si queremos cobrar por haber hecho algo no nos gustaría ni estaríamos encantados ni agradecidos, nos limitaríamos a decir que “no vendría mal” (además de esta manera no seríamos unos “gutrulánganos” para nada).

Y así podríamos seguir… Y cuando escuchas o recuerdas una “miniexpresión” te acuerdas de esas personas y de momentos vividos con ellas y te viene una sonrisa a la cara. Cread y emplead “miniexpresiones”, sonreiréis más. Y “está hablado”, así que se hace.

Las "miniexpresiones" son como un osito de peluche: no sabes por qué, pero cuando las recuerdas sonríes...

Las "miniexpresiones" son como un osito de peluche: no sabes por qué, pero cuando las recuerdas sonríes...

Posted Diciembre 14th, 2009.

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