¡Qué cosas tienes!

El sábado, 3 de diciembre, a las 22:00, realizaré mi espectáculo de cartomagia ¡Qué cosas tienes! en Grada Mágica (Más info y entradas en: gradamagica.com).

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Carteles renovados para “shows” alocados

¡Están calentitos! El 15 de diciembre “A preguntas tontas…”.

Y el 12 de enero… “El increíble show del Profesor Blackboss”.

En “Teatro Encantado” (www.teatroencantado.com).

¡Allí nos vemos!

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La experiencia es un grado

Año más, año menos, nací por los alrededores del cambio de siglo. No voy a decir qué siglo. Cada uno puede hacer sus conjeturas.
Groucho Marx

Cuentan que había un árbol que curaba todos los males, todas las enfermedades; bastaba con ir a verle -pues él no se podía mover- y de inmediato se gozaba de una salud total y absolutamente envidiable. El árbol se llamaba “Castaño os curo”. Había una mujer muy enferma que vivía muy cerca del árbol pero no quería ir a visitarle: pasaba de Castaño os curo…
Y hasta aquí nuestro microrelato coloreado del día. En la próxima entrega: Ana To Roja.

De pequeño siempre me preguntaba quién se inventaría los chistes… Tanto ingenio sintetizado en unas pocas líneas… ¡Y esos giros inesperados y tronchantes! Ahora que ya no me peino, que casi nunca digo “¡Cómo goza!” para referirme a algo que me gusta y que hace tiempo que no como Mister Corn (ni siquiera pidiéndole a un amigo “¡Echa, echa!” con las dos manos en cuenco mientras él me dice “¡Una mano solo!”), aunque -eso sí- soy capaz de ir al McDonalds a comprar un Happy Meal para unos supuestos sobrinos que no tengo solo para que me den un minion fuera de la fecha de la promoción (¡es que son de monos!)… Ahora, decía, solamente me pregunto quién se inventará los chistes buenos; los malos parecemos inventárnoslos, entre otros, los que de pequeños nos preguntábamos quiénes se los inventarían…

Quizá un día me encuentre por ahí al creador del chiste de “-¿Te tomas una copa, guapa? -Copa, copae, copum. -¿Pero qué estás haciendo? -Declinando tu invitación.” o al del primer chiste de Jaimito que escuché de “¿Cómo me vas a pegar si no tienes pegamento?” (o a uno de sus herederos). Quizá no… Lo que es seguro es que a algunas otras de las preguntas que me hacía de pequeño he conseguido darles respuesta, en ocasiones, muchos años después.

Pondré un ejemplo: de pequeño, un amigo mío decía que escuchaba sus 60 cintas de música enteras cada tarde. Yo, por supuesto, no tenía motivos para desconfiar de él. Años más tarde, recordando dicha afirmación y considerando que una tarde típica tiene menos de 60 horas, llegué a la conclusión de que no podía ser así. Y es gracioso porque la mayoría de los datos involucrados en el asunto ya los sabía en aquel entonces, lo que ocurría es que si no se  me pasaba por la cabeza que alguien me estuviera engañando entonces no tenía sentido ponerme a hacer esas cuentas (y lo que se puede aprender de este párrafo para magia…).

Otra historia que me gusta mucho es la siguiente. De pequeño también me preguntaba quién encontraría los trucos de los videojuegos, del estilo de “para invisibilidad pulsa A-B-B-arriba-A”. Me imaginaba a gente probando todas las posibles combinaciones de botones hasta encontrar ese “fallo” en el videojuego. ¿Y si luego no se acordaban de los botones que habían pulsado? Muchísimos años después (tantos que hasta a mí me da vergüenza reconocerlo), un día me di cuenta de que si el personaje se vuelve invisible o las motos se convierten en minimotos es porque alguien lo ha programado, si no sería muy raro que el truco funcionara… Vamos, que alguien ha decidido, antes de que el videojuego llegara a mi casa y antes de que lo leyera en la Hobby Consolas, que pulsar en el mando de mi Mega Drive (¡vaya revival!) “Delante-Delante-Delante-Puñetazo Alto” cuando Johnny Cage gana un combate en el Mortal Kombat hace que la cabeza del oponente salga volando (¡Fatality!). Vamos, que mientras crees que “se la estás colando” a los que hicieron el juego, resulta que estás disfrutando de algo que ellos mismos prepararon (como cuando “se decía” que “alguna gente” copiaba los CD de música con grabadoras y discos comprados a la misma compañía que vendía el original).

Hablando de Johnny Cage, me viene a la mente John Cage, el famoso “compositor” de 4′33″, obra musical en tres movimientos que puede ser interpretada por cualquier instrumento o conjunto de instrumentos. En la partitura se indica a los intérpretes que han de guardar silencio y no tocar su instrumento durante cuatro minutos y treinta y tres segundos. Pese a ser entendida por la mayoría como “cuatro minutos y treinta y tres segundos de silencio”, algunos teóricos de las vanguardias musicales consideran que el material sonoro de la obra lo componen los ruidos que escucha el espectador durante ese tiempo. El otro día pude leer una noticia, que tiene toda la pinta de leyenda urbana (¡el que se creía lo de las 60 cintas, ahora es un incrédulo!), vagamente relacionada: Por lo visto,un argentino se vio sorprendido al recibir la noticia de que había ganado un premio en un concurso de arte contemporáneo, pues había olvidado adjuntar el archivo… Según se puede leer en la red, algunos miembros del jurado comentaban cosas como “nosotros lo tomamos como un atrevimiento, una especie de performance que trascendía los límites físicos del arte, un cuestionamiento a las bases mismas del concurso” o “nos pareció una acción valiente”.

Sin entrar a valorar a los individuos del párrafo anterior, es curioso comprobar el contraste que hay con otros artistas. El otro día estuve disfrutando mucho en un concierto del grandísimo Paco Bello, en el que antes de cada canción, explicaba con mucha gracia de dónde partía, a quién se la dedicaba y de qué iba hasta el punto de decir “y voy a parar de hablar porque si no voy a explicar toda la canción”. Cierto es que puede ser saludable dejar un poquito a la libre interpretación del público y que, incluso en obras de indudable mérito, no todo se podría explicar muy bien -me gustaría ver a los Héroes del Silencio explicando línea por línea de qué va La chispa adecuada, por poner un ejemplo, y sin embargo me parece muy buena-, pero en mi actual opinión (que mañana podría ser distinta), para que un artista se pueda quedar tranquilo de que no le acusarán de tener mucha cara, la parte a completar por el público debería estar muy bien medida, como en una buena película de Hitchcock, una buena novela de Sherlock Holmes o un buen chiste.

Por cierto, hablando de noticias recientes, este verano se han puesto de moda unas cabinas -no las de bronceado sino otras- en las que te metes y si fuera hace 30 grados, dentro hace 29 (solamente un gradito menos). Un amigo mío fue el otro día y le dije “Pero ¿cómo se te ocurre pagar para esa tontería?”. Hizo una pausa, me miró y me dijo “Es que ¡la experiencia es un grado!”.

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Novedades en la web

Hacía ya tiempo que quería hacer una sección en la web donde recoger los libros de magia que he ido escribiendo, con sus características, prólogos, índices y lugares de venta. También quería añadir algún que otro vídeo y alguna cosilla más…

¡Pues ya está! Si quieres verlo, está todo en: www.carlosvinuesa.com

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A preguntas tontas…

El 20 de septiembre a las 21:30 en La Escalera de Jacob “A preguntas tontas…” con el gran Pipo Villanueva. ¡Yo no me lo pierdo!

Entradas: http://www.atrapalo.com/entradas/humorymagia-muy-de-cerca_e26321

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Inventos del demonio

Inventos del demonio, que diría cualquier abuela…

Pues sí, ya venden las “tazasucias”. Y con varias manchas distintas…

Que lo bonito de estas tazas no es regalarlas, es comprarlas uno mismo, ponerlas en la pila y pedir al amable y servicial visitante de nuestra morada que si puede hacer el favor de lavarla un momento.

Pensando en estos inventos, se me ocurrieron algunos que quizá ya estén inventados: el “mantelsucio” (un mantel que tiene manchas de serie), la “mesasucia” (con un precioso y permanente cerco de mancha de vaso) o la “pantallasucia” (con una manchita que no se vaya ni con Cristasol).

Aunque puestos a pensar en maldades para la pantalla, se me ocurre el nuevo invento de la temporada, sí, el “fondo de pantalla acursorado”. He aquí un recorte del mismo.

Hale, a ver cómo encuentras cuál es el de verdad… ¡Venga ahí de cursores! Como en “Dónde está Wally”. Que la verdad es que un “Dónde está Wally” de cursores, es fácil de resolver, ejem, ejem…

Pero si hay un invento del demonio que me entusiasma es sin duda ¡¡¡el globo de helio con forma de niño atado al globo de helio con forma de globo!!! Ya estoy viendo a las ancianas comentarlo:

- ¿Eso que está volando no es un niño con un globo?

- Ay, hija ¡inventos del demonio!

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Sobre genios y el genio de alguno

En las antiguas tradiciones se decía que los genios actuaban de noche y se escondían al amanecer. Eran seres con características de los duendes, maliciosos, pero no necesariamente malignos, y además solían ser bromistas y embaucadores. Así que no me cabe ninguna duda de que Juan Tamariz es un genio.

Menos mitológicamente, se suele caracterizar a un genio por su creatividad o por producir cosas superiores en su campo. En mi opinión, otra característica de la genialidad es la de discernir, apreciar o identificar la genialidad de otros. Una de las lecciones de magia más grandes que he recibido fue hace unos meses cuando Juan Tamariz me explicó por qué el juego de la carta hogareña de Francis Carlyle (descrita en Estrellas de la Magia) es una obra de arte y las versiones que hacemos la mayoría de los magos (ver, por ejemplo, la carta al bolsillo plus en el volumen 2 de la Gran Escuela Cartomágica) no hacen sino pervertirla y corromperla.

Por eso, siempre he pensado que si Juan Tamariz decidió poner a las 4 aulas de la Gran Escuela de Magia Ana Tamariz los nombres de Frakson, Hofzinser, Robert-Houdin y Dai Vernon, por algo será. Así, cuando hace unos meses cayó en mi poder El desenmascaramiento de Robert-Houdin, escrito por el archiconocido Harry Houdini, no sabía qué pensar. Por un lado, Houdini se había puesto ese nombre por la admiración que profesaba hacia Robert-Houdin, pero por otro, tiempo después y por motivos no del todo claros escribió este libro desacreditándole. Así, comencé a interesarme más en el asunto y no tardé en encontrar libros en respuesta a esta “obra” de Houdini, como Houdini’s Unmasking “Fact vs. Fiction” de Jean Hugard. Por lo visto no todo era exactamente como Houdini lo escribía ni su motivación era exactamente la de dar crédito a quien lo merecía en la historia de la magia. ¡Vaya genio gastaba el Houdini este! Por lo visto, todo sea dicho, parece que más tarde se arrepintió de haberlo escrito.

Más tarde, he leído con mucho placer el absolutamente recomendable volumen 4 de The Vernon Chronicles, donde a través de numerosas anécdotas se recorre la vida del genial mago Canadiense Dai Vernon, y en el que se puede ver la admiración que sentía Dai, entre otros, por Robert-Houdin (y sus teorías) y Hofzinser (y su magia, y su manera de decir cosas interesantes para las mujeres, con frases del estilo de: “el siguiente engaño esconde un misterioso secreto” o “esto nos dirá algo sobre usted”). Y a raíz de la lectura de estos trocitos de vida de Dai Vernon estuve hablando con Alan, un compañero del Pentacle Club, que me sorprendió en la siguiente reunión con el libro The magician and the Cardsharp escrito por Karl Johnson.

En él se relata la búsqueda de Dai Vernon del tahúr Allen Kennedy (el único capaz de realizar cierta técnica de extrema utilidad para los tahúres con perfección absoluta) y su encuentro, junto con todo el interés que suscitó en el mundo mágico. Además, hay algunos retazos muy interesantes del mundo de los tahúres: Los chicos no podían ver la cantidad de juegos asombrosos que Kennedy hacía por la razón de que su magia estaba siempre escondida. Al contrario de lo que ocurría con un mago, un tahúr debía guardar en secreto no sólo sus métodos sino también sus efectos.

Entre las muchas anécdotas sobre Dai Vernon que se pueden encontrar en el libro, traduzco el pasaje relacionado con Houdini:

Se estaba convirtiendo en rutina que Vernon engañara a los mejores magos del momento con sus ideas innovadoras. [...] Un mago al que no le entusiasmaba la idea de ser engañado, por Vernon o por ningún otro, era Harry Houdini. La oportunidad de intentarlo le llegó a Vernon un día en 1922 en el hotel Great Northern en Chicago. La aprovechó al máximo.

Para el público, Houdini, que entonces tenía 48 años, era el mago más famoso del mundo. Para los magos, sin embargo, era mayormente un artista del escapismo. Hizo shows de magia de escena, con ilusiones muy elaboradas, pero fueron los escapes los que le dieron fama mundial. Para Vernon, estos escapes no eran magia. Sentía que había poco misterio en serpentear dentro de una camisa de fuerza. Houdini era también un incesante publicista de sí mismo, cosa que sacaba de sus casillas a Vernon. “No importa lo que digan”, le decía a Vernon, “hay que salir en el periódico por todos los medios”. Era absolutamente incesante. Si Houdini pasaba por un incendio o cualquier otro incidente que ocurriera en la calle, corría a buscar a un agente de policía y anunciaba su presencia, con la idea de que su nombre apareciera en el periódico al día siguiente.

Houdini tenía ese nombre sin parangón, que le dio mucho prestigio entre el público. Y había sido el presidente de la Sociedad de Magos Americanos. En el fondo se consideraba un mago, y un gran árbitro en cuestión de talento y secretos. Había puesto un desafío a los magos: Enséñame un truco tres veces seguidas y te diré cómo lo haces.

Vernon le mostró un juego de cartas, un efecto simple, siete veces y Houdini no pudo entenderlo. Ni siquiera estuvo cerca. Peor aún para el irritable Houdini, Vernon lo hizo rodeado de otros magos. Hizo que Houdini cogiera una carta, la marcara claramente con sus iniciales “HH” y entonces la metió de nuevo en el mazo. En un instante, estaba otra vez arriba (esta era la versión de Vernon de un juego que se conocía como “La carta ambiciosa”, pues la carta se esforzaba por subir a lo más alto). Vernon repitió el truco una vez, y otra. No importaba dónde pusiera la carta de Houdini, siempre volvía arriba. Incluso la metía… muy despacio… y… obviamente… justo bajo la primera carta. Vernon la enseñaba justo ahí, segunda desde arriba, y entonces, volvía a estar arriba. Todo el mundo podía ver las iniciales “HH” claramente marcadas en la carta. Era la carta de Houdini, sin dudas.

“Tienes que tener dos cartas iguales”, dijo Houdini finalmente. Era un hombre pequeño, pero atlético, con un gran pecho que se hinchaba por momentos. Hacía afirmaciones que parecían irrevocables. Ya iban tres veces seguidas y ese era el veredicto de Houdini: una carta duplicada “¿Con tus iniciales, Harry?” preguntó Vernon. Había sido muy cuidadoso haciendo que Houdini firmara la carta. Houdini lo intentó de nuevo.

“¡Lo has escrito con un _ _ _ _!” prácticamente le gritó a Vernon. “¿Cómo podría haberlo hecho si está escrito con tinta?” le rebatió Vernon. Todos los magos sabían que esas cosas escribían como un lapicero. Ahora miraron a Houdini para ver cómo salía de aquella. “¡Ahora los hacen en tinta!” bramó finalmente con autoridad. Ninguno de los magos había oído hablar nunca de aquello. El gran Houdini no sabía qué decir.

“¡Harry, te ha engañado!” gritó Sam Margules, que había estado mirando con atención. “¡Tres veces!” chilló Margules. “¡Tres veces!”. Houdini comenzó a hervir. “¡Hazlo de nuevo!” ladró a Vernon. “¡Hazlo otra vez!”. Vernon lo hizo con gusto, repitiéndolo una cuarta vez, una más del límite auto-impuesto por Houdini. “¡Una más!” le ordenó Houdini. Estaba rompiendo su propia regla, echándola abajo, pero a Vernon no le importaba. Podía hacer su truco 100 veces si Houdini quería. Ahí estaba la carta, con las “HH” claramente escritas para cualquiera que mirara, y pese a ello ahí estaba la carta, arriba otra vez. Vernon lo hizo de nuevo, y otra vez más, siete veces para Houdini, más del doble del número de veces que pedía en su reto.

Por supuesto, Houdini nunca admitió que había sido engañado. Pero Vernon lo sabía, y como había otros magos presentes la noticia se extendió. Ese juego pasó a conocerse en magia como “El truco que engañó a Houdini”. Vernon recibió incluso una carta de la mujer de Harry, Bess, confirmando que Houdini había estado levantado media noche después de ver el truco de Vernon intentando entender cómo lo habría hecho (por cierto, que Bess se convertiría por una casualidad en la madrina de Ted Vernon, el hijo de Dai). “Aunque nunca lo admitió”, escribía Bess a Vernon, “a mí sí que me lo admitió… ¡no se daría por vencido hasta que lo resolviera!”. Nunca lo hizo.

Vernon estaba contento de haber engañado a Houdini, pero no creía tener tanto mérito. Después de todo, para Vernon, Houdini era totalmente un carnicero en lo que se refería al manejo de las cartas. Ni siquiera podía mezclar un mazo de cartas sin echarlo todo a perder. Anteriormente en su carrera, había hecho algo de manipulación en escena con cartas, lanzándolas de mano a mano y extendiéndolas en cinta sobre su brazo. Pero eso había sido todo. Un niño podría engañar a Houdini en la opinión de Vernon.

Houdini podía ciertamente comportarse como un niño, también, con fieras pataletas. Un par de años después, tras una reunión de la Sociedad de Magos Americanos en el hotel McAlpin en Nueva York, un grupo de magos y sus mujeres estaban en el restaurante Riggs en la Calle 33, entre Broadway y la Quinta Avenida. Vernon estaba allí, así como los dos Sams, Horowitz y Margules, y los dos Als, Baker y Flosso. Unos cuantos amigos, no-magos, se unieron en su mesa. Houdini, que era de nuevo el presidente de la sociedad, entró pavoneándose y se unió también a cenar en la misma mesa.

Había un mazo de cartas en la mesa, y Houdini lo cogió e hizo unos trucos. Los magos veían que cada vez que Houdini hacía cierta técnica, “flasheaba”. Era obvio, también para los profanos, pero nadie dijo nada. Más tarde, cuando los magos estuvieron a solas, Margules saltó, “Harry, ¿por qué  no le dejas a Vernon que te enseñe cómo se hace?”. Vernon había perfeccionado una técnica simple y elegante de los tahúres, y el suyo se estaba convirtiendo en el método preferido entre los magos. Eso era todo lo que Houdini tenía que oír. Se puso como una fiera.

“¡Tú, hijo-de-puta!” chilló a Margules. “¿Me vas a enseñar ahora a mí cómo hacerlo?”. Houdini estaba temblando de rabia, perdiendo el control. A los magos les parecía, cuando se volvió hacia ellos encolerizado, que incluso podía cargar contra Margules, que pensaba que había hecho una sugerencia inocente. La técnica de Vernon era el nuevo método, un secreto underground, y los magos normalmente se deleitaban presenciando lo que llamaban el “verdadero trabajo”. Pero Houdini no. “¡Sois una panda’ amateurs!” chilló a todo el grupo. “¡Sois amateurs! ¿Y me decís a mí…?”.

Varios de los magos, se colocaron entre Houdini y el atónito Margules y entonces Houdini salió hecho un basilisco del restaurante. Los magos le vieron marcharse, estupefactos por su ira. Flosso especialmente no podía creerlo. Pensaba que lo había visto todo en Dreamland en Coney Island. Pero nunca había visto algo así.

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“Cómo se hizo” ya a la venta

¡Ya está a la venta el libro! Se puede conseguir desde ya mismo en CLOSE-UP magicshop.

Aquí os dejo el vídeo con el tráiler:

Y algunas palabras extraídas del prólogo:

Estas páginas recogen gran parte de mi historia con la magia, en especial con la cartomagia.

Incluyen las secuencias “El elixir”, “Los niños pequeños” (presentada al Concurso Ascanio 2009) y “Regreso al futuro” (Premio Ascanio 2010), además de algunas otras ideas y algunas versiones más de la carta al número. Espero que las disfrutes tanto como he hecho yo escribiéndolas y te sirvan de inspiración.

La estructura del libro es simple. En los tres capítulos principales describo en detalle las secuencias anteriormente citadas. En cada uno de ellos, hay una introducción en la que hablo de cosas (¡da gusto cómo te explicas!), un apartado llamado “Material y preparación” donde explico el material y la preparación que se necesitan (¡no fastidies!), otro llamado “Resumiendo” en el que describo el método de modo burdo y esquemático (cada uno como lo que es…) y otros cuantos apartados con un repaso completo y detallado de la secuencia (por cierto, ¿quién es el que se está metiendo conmigo en los paréntesis?). En el Apéndice A analizo una idea bastante potente junto con varios juegos a los que se puede aplicar. En el Apéndice B, muestro mi aproximación al efecto de la carta al número. Este segundo apéndice incluye, entre otras cosas, “Los gemelos golpean dos veces”, uno de mis juegos favoritos de este libro y una de las versiones más prácticas y potentes de la carta al número.

Prácticamente todo lo que vas a leer me ha fallado alguna vez en público. Gracias a esos fallos, en muchas ocasiones he pensado en “salidas” para cuando ocurren. A lo largo del texto encontrarás cuadros con el símbolo de “Salida de emergencia” donde explico posibles salidas para fallos.

Deseo que estas páginas te sean útiles, te inspiren o simplemente te permitan conocerme mejor. Bienvenido a la visión del director, al otro lado de la cámara, comienza: ¡Cómo se hizo…!

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¡Al fin!

Tras varios meses dedicados a la causa, me alegra y me emociona mucho poder decir que al fin está terminado el libro…

Muchísimas gracias a Cristina Medrano (http://www.flickr.com/photos/cmedrang/) por las fotografías, a Ángel Suazo (http://angelsn.wordpress.com/) por los diseños de las portadas y las figuras (y de la imagen de esta entrada) y al propio Ángel, Gilbert, Pablo y Pipo por las revisiones.

En dos semanas, la presentación en el Círculo Mágico de Madrid.

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El 4 de diciembre en la escalera

Aprovechando que el 4 de enero es el primer martes del año, Gilbert, Pipo y servidor hemos organizado una performance a las 21:30 que será muy especial y tendrá algunas sorpresas.

Si vas a querer venir reserva aquí ya, que se agotan las entradas: http://www.atrapalo.com/entradas/humorymagia-muy-de-cerca_e26321/.

¡Nos vemos por allí!

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